



Estas son parte de las obra creadas en Fuping,China, durante el mes de agosto de 2008. Estas piezas se pudieron realizar gracias a dos hechos. El primero fue la concesión de una beca por parte de la Diputación Provincial de Zaragoza, y el segundo a la invitación por parte del museo de Flicam (http://www.flicam.com/).
A continuación reproduzco parte de un texto escrito para la revista Terrart, que resume bastante el proceso y la estancia en China.
Estamos muy acomodados a trabajar siempre con unos procesos excesivamente controlados y comprobados, a modificar las condiciones y materiales de trabajo a nuestras necesidades y procesos.
Ese fue el primer esquema que hubo que romper al empezar a trabajar en Fuping, éramos nosotros los que debíamos modificar nuestros procesos y métodos de trabajo y ponerlos en función de lo que allí disponíamos, que no era poco. El camino no consistiría en llegar, hacer una obra preciosista y exponerla en uno de los mayores complejos de cerámica contemporánea que existen. El camino consistía en buscar recursos creativos y técnicos y crear directamente sobre el barro.
Todas las adaptaciones que hubo que realizar afectaban directamente, aunque al principio no éramos conscientes, al planteamiento y resultado final de nuestras obras.
Tuvimos que enfrentarnos a algo que a lo que no estamos acostumbrados al trabajar en un medio conocido o doméstico, tuvimos que echar mano de recursos tanto técnicos como creativos a una velocidad casi de vértigo, algo que provoco una adrenalina positiva y que se contagiaba con suma facilidad.
Esta energía se noto en el resultado de las obras, obras más cercanas y con fuerza, con trazo y con textura, donde el fuego y el barro se dejaban notar y habían dejado su huella, una huella que en ocasiones nos supero y a la que nos aliamos.
Ese fue el primer esquema que hubo que romper al empezar a trabajar en Fuping, éramos nosotros los que debíamos modificar nuestros procesos y métodos de trabajo y ponerlos en función de lo que allí disponíamos, que no era poco. El camino no consistiría en llegar, hacer una obra preciosista y exponerla en uno de los mayores complejos de cerámica contemporánea que existen. El camino consistía en buscar recursos creativos y técnicos y crear directamente sobre el barro.
Todas las adaptaciones que hubo que realizar afectaban directamente, aunque al principio no éramos conscientes, al planteamiento y resultado final de nuestras obras.
Tuvimos que enfrentarnos a algo que a lo que no estamos acostumbrados al trabajar en un medio conocido o doméstico, tuvimos que echar mano de recursos tanto técnicos como creativos a una velocidad casi de vértigo, algo que provoco una adrenalina positiva y que se contagiaba con suma facilidad.
Esta energía se noto en el resultado de las obras, obras más cercanas y con fuerza, con trazo y con textura, donde el fuego y el barro se dejaban notar y habían dejado su huella, una huella que en ocasiones nos supero y a la que nos aliamos.